El motorista que rompió sus modales.

Posted on noviembre 22, 2010

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Cierto día luego de haber salido de clases de la universidad  atontado por la rutinaria  clase de literatura me dispuse a caminar hacia la parada de autobuses.

Comencé a caminar hacia la salida de la universidad  y me disponía a subir la pasarela para tomar un autobús hasta mi destino.

Apreciaba aquel día grisáceo que tanto me gusta, en realidad me sentía a gusto con la humedad que ese día impregnaba el ambiente. Luego de haber bajado de la pasarela la odisea apenas comenzaba… esperar a  la ruta 42 que a plena mañana es casi un fantasma en aquel mar de autos.

De repente como alma que lleva el diablo mi colectivo se aproximo a la parada era como todos, adornado con frases y clichés en vinilos,  espejos por toda la cabina y un motorista como todos nada del otro mundo. Me senté en el primer asiento junto a el, por algún motivo me sentía  seguro cerca de él.

Un detalle en el colectivo me llamo la atención, la palanca de velocidades era extraña, curvada hacia atrás y cuando cambiaba de velocidad estiraba todo el brazo hacia atrás  y engranaba primera al revés, hacia atrás. Era una caja manual adaptada a un autobús de caja automática.

Continuamos haciendo las paradas respectivas a altas velocidades como es de costumbre  y de repente pude apreciar desde mi asiento atraves de la ventana  a  una madre joven y humilde de unos veintitantos años con un chiquito en brazos el cual levaba en la mano un carro  de juguete.

Ella indico con el brazo,  la parada al motorista a la cual el accedió.

La joven madre subió junto al chiquito, ella  llevaba consigo una pañalera y su cartera, de pronto ocurrió lo que comúnmente les sucede a las madres que se suben a los autobuses, ella fue atrapada por el mecanismo giratorio del colectivo a causa de las muchas cosas que llevaba.

Me dispuse de una manera suave a ayudarle con la pañalera  ya que hoy en día no se sabe quién puede malinterpretar este tipo de ayuda  en un colectivo.

La madre, al salir del apuro en el cual se encontraba descuido al chiquito y lo impensable sucedió…

El chiquito abruptamente soltó  el carrito y como en cámara lenta observe  su juguete bajando por  la gradas del autobús cayendo bajo el automotor, el chiquito instantáneamente comenzó a llorar a todo pulmón.

A los pasajeros solos se nos rompió el corazón al ver tal conmovedora escena y la madre con señal de resignación solo se sentó y comenzó a buscar el dinero para pagar el pasaje.

A tal conspirador evento en contra del chiquito yo solo pensé “bueno hasta acá llego el carrito, morirá bajo las llantas del autobús” pero sucedió algo que hasta el día de hoy aun no lo creo.

El motorista al ver tal escena rápidamente salto la tapa del motor entre el asiento y las gradas del autobús,  metió la mano bajo el automotor recogiendo el carrito  y se lo entrego a la madre del chiquito, la madre inmediatamente lo entrego a su hijo y el niño espontáneamente ceso de llorar.

La joven madre sorprendida y agradecida entre dientes  dijo “Muchas gracias” el motorista sonrió como diciendo  “de nada”, la madre del chiquito se bajo antes que yo y antes de irse le volvió a decir al motorista “Muchas Gracias” hasta hoy en día se me eriza la piel de solo pensar, que desde el punto de vista del niño su infancia  fue salvada, para ese niño el carrito significaba su felicidad su infancia un regalo que su madre le había hecho.

El motorista de entre tanto estereotipo rompió todos los esquemas y aplico los buenos modales, marco la diferencia.

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